lunes, 9 de abril de 2012
lunes, 2 de abril de 2012
Presentación de Viaje de Vuelta y Plural en la cultura literaria y política latinoamericana
Por
Érika P. Buzio
Reforma
(28-Mar-2012).-Las revistas Plural y Vuelta, animadas por Octavio Paz, fueron un "milagro" de la cultura libre, una aventura que tuvo sus aciertos y sus errores, dijo el historiador Enrique Krauze.
En esas dos revistas, cuya existencia abarcó casi tres décadas, de 1971 a 1998 -hasta la muerte de Octavio Paz-, se puede ver reflejada de manera crítica buena parte de la historia literaria, política e intelectual de México, América Latina y el mundo.
"Se trata de dos revistas mexicanas que practicaron la cultura libre (...) que no ocurre en las aulas, no ocurre en las oficinas burocráticas o académicas, ocurre entre el creador y el público", dijo Krauze durante la presentación de Viaje de Vuelta, de Malva Flores, y Plural en la cultura literaria y política latinoamericana, de John King, publicados por el Fondo de Cultura Económica (FCE).
Adolfo Castañón, corrector de Plural y colaborador de Vuelta, se refirió a la revolución cultural que significó su aparición: "Para usar palabras de Gabriel Zaid (fue) un milagro de la sensibilidad literaria y artística que marca un momento de madurez y de plenitud que alcanzó Octavio Paz y su grupo".
Entre el público asistente a la presentación, en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica, estaban la viuda de Paz, Marie-Jo, el poeta Ramón Xirau, el arquitecto Teodoro González de León, la fotógrafa Paulina Lavista y el director del FCE, Joaquín Díez-Canedo.
José de la Colina habló como veterano de Plural y Vuelta, lo hizo con nostalgia porque, se lamentó, ya no hay pelea cultural, las revistas que se les oponían, en particular Nexos, terminaron por adoptar las mismas posiciones que atacaban en Paz y quienes trabajaban con él.
"Desearía que ahora los que estamos cerca de la revista Letras Libres, y lo digo sinceramente Krauze, fueran atacados como fuimos nosotros. Ya no hay medios enemigos, ya no hay grandes enemigos", dijo.
De la Colina cifró la importancia de las revistas en "discutir la cultura como una política y la política como una cultura". Introdujeron, añadió, una verdadera discusión en las "aguas estancadas del marxismo egoísta".
"De manera que la izquierda instituida mexicana debía agradecer a Octavio Paz que la hiciera vivir un poco; de hecho, durante un tiempo existió solo tratando de hundir a Paz y batallando con él", añadió De la Colina.
El crítico literario Christopher Domínguez Michael recordó la revista como a un grupo al que le gustaba la idea de tribuna como un lugar desde el cual hacer la guerra. "Pero no éramos tan virulentos como creíamos", atajó.
Malva Flores dijo que Viaje de Vuelta quiso ser un "álbum de estampas de la trayectoria de una revista extraordinaria" y una invitación para volver a las revistas. "Eso permitiría que se renovara esa conversación".
Alaba Krauze 'biografía'
El historiador Enrique Krauze alabó ayer la publicación de Viaje de Vuelta, de Malva Flores, que definió como un ejemplo de cómo escribir la biografía de una revista, aunque sugirió al FCE que en futuras ediciones se incluya un índice onomástico y aconsejó a su autora ampliar la contribución de Gabriel Zaid en la empresa.
En el caso de Plural en la cultura literaria y política latinoamericana, de John King, Krauze comentó que si bien se trata de un trabajo académico serio que recoge los tres aspectos fundamentales de la revista: la crítica cultural, la crítica política y la creación literaria, es más una crónica que un análisis crítico.
"Es un panorama sólido, escrito con precisión pero sin emoción", aseguró.
Otras notas de la presentación, aquí.
lunes, 19 de marzo de 2012
Plural y Vuelta
jueves, 12 de enero de 2012
Valor civil (abandonar la fila)
lunes, 7 de noviembre de 2011
Tomás Segovia, el "familar del mundo"

Hace un año Tomás Segovia (1927-2011) vino a Xalapa y tuve la fortuna de presentarlo aunque, en realidad, no era necesario. Reproduzco, a modo de homenaje, las palabras de aquel día.
Tomás Segovia es “el familiar del mundo”. Me parece que esta frase con la que Guillermo Sucre definió a Segovia en la ya lejana década de los ochenta aún sigue vigente. Pocos, realmente muy pocos son los poetas que, como él, vivieron de cerca y fueron protagonistas de una de las etapas más intensas y fructíferas de la poesía mexicana, esa que en la segunda mitad del siglo XX nos legó un cúmulo de nombres y obras hoy imprescindibles. En su lugar, parece obvio que cualquiera se dedicaría a cultivar un jardín complaciente, pero no él: Tomás Segovia ha tenido siempre una conciencia obstinada del tiempo y las circunstancias que le han tocado vivir. Por eso, no es nada más el autor de Anagnórisis o Casa del nómada: se le conoce no sólo como un crítico y polemista literario (los tomos de sus Ensayos junto con Poética y profética lo atestiguan) sino también como un intelectual con un profundo sentido ético.
Como cualquiera puede comprobar, Tomás Segovia insiste en su diálogo vivo y a veces conflictivo con la realidad: un vínculo tan puesto al día que no duda en recurrir a la red con esa naturalidad de la que sólo él es capaz. Así, su sitio en Internet se llama simplemente: El blog de Tomás. En las últimas entradas pueden leerse, por ejemplo, un comentario sobre los historiadores y la democracia en nuestro país tanto como un adelanto de sus “cuadernos de notas” (no Diario, aclara), en donde el poeta ha ido registrando el cauce de su pensamiento contrastado siempre con el ruido de afuera, reflexionando sobre las formas de la poesía más reciente o sobre el lugar de la poesía en el mundo actual: una constante en muchos de sus ensayos: “La poesía, dice Segovia, está fuera de lugar porque da fe de que el origen está perdido y es nostalgia del origen, pero en la globalización el origen no está perdido, sino borrado, oprimido y culpabilizado. La globalización no es ni lugar, ni nostalgia del lugar, ni mirada exterior que da sentido al lugar.” Lo cierto es que la poesía de Segovia, ávida de realidad, de música y de cuerpo, consigue hacernos visible el lugar verdadero, es decir, nos esclarece el mundo, le da sentido.
No es raro que un poeta que ha hecho de la errancia una metáfora de su condición –y aún de su elección– nos hable de nostalgia del origen... Pero decir exilio, para él, no es sólo hablar de una historia personal sino también de un destino que asume la vocación del nómada, buscando refundar el mundo donde haya lugar.
Tomás Segovia nació en Valencia en 1927 y al comienzo de la Guerra Civil emigró a Francia, desde donde viajó a Marruecos y después a México, lugar de adopción en el que vivió la mayor parte de su vida, hasta que volvió a España. En nuestro país y junto con Carlos Fuentes, dirigió la Revista Mexicana de Literatura. Más tarde, fue secretario de redacción de Plural, dirigida entonces por Octavio Paz. Asimismo, fue fundador y miembro de la revista Vuelta. En México se formó y escribió gran parte de su obra, la que se despliega en terrenos tan variados como el guión cinematográfico y la investigación lingüística; la narrativa, la traducción y la edición, para desembocar en lo que define como su pasión irrenunciable: la poesía. En 1998 el Fondo de Cultura Económica reunió sus libros de poemas bajo el título general de Poesía, 1943-1997, summa que es ya un clásico de nuestras letras y al que le han seguido otros títulos al paso de los años. De una u otra forma, en estos libros habla la voz del “familiar del mundo” (el errante por biografía y por vocación), pero también habla la voz de una memoria, la huella de un origen quizá más mítico que individual o anecdótico.
Para mi generación, como para tantas otras, la figura de Tomás Segovia es una presencia tutelar, es una casa en su más amplia acepción. Lo hemos leído, lo hemos discutido y no pocos lo hemos plagiado. El azar ahora me procura la fortuna de ofrecerle disculpas. Sólo después de tener en mis manos un libro que escribí bajo el que yo pensaba prístino título de Casa nómada, pude darme cuenta de una devoción que se cumple más allá de los nombres, pero también leí mi descarado plagio.
Hace cincuenta años Tomás Segovia publicó en la Universidad Veracruzana El sol y su eco. Esta casa editorial hoy lo recibe con el enorme gusto de quien mira volver a uno de sus hijos. “La travesía vuelve siempre a Ítaca”, ha escrito Segovia. “Todo es Ítaca, todo es el presente/ detrás de la memoria”. Con la lectura de estos versos quiero concluir para decirte las palabras que en tantos sitios y tiempos has oído: Tomás, bienvenido a tu casa.
domingo, 22 de mayo de 2011
Lucrecia y el fin del mundo
Según todos los vaticinios, ustedes que me escuchan y yo que leo, estamos muertos y somos sólo una especie de fantasmas. Probablemente, aunque nada lo prueba, aún sigamos vivos, pero los pronósticos dicen que en algún momento del día, este 21 de mayo de 2011 caeremos abatidos por la fuerza de un gran terremoto con el que dará inicio el fin del mundo; porque incluso para el mundo real, el Apocalipsis tiene una secuencia cinematográfica cuyo fin será en octubre: cinco meses de hueso y pesadilla.Por qué entonces estamos aquí leyendo a Shakespeare. O, si no se acaba el mundo en las próximas horas, para qué vamos a leer el polvo viejo de un hombre que nos es tan ajeno. Qué puede decirnos esta historia, la de Lucrecia, que no miremos en forma cotidiana y a colores en la tele: una mujer violada, la historia del poder y de su abuso, sólo una muerta más y su estela doliente. ¿Para qué la leemos si volteando los ojos la violencia está aquí, junto a nosotros, como una mancha que carcome los muebles, que ningún cloro mata y que viene acompañando la historia de nuestra triste barbarie desde aquel lejano paraíso del que fuimos expulsados hace ya tanto y seguramente con justicia? Peor aún, ¿por qué vamos a leer la historia de Lucrecia, la fuerza de su indignación y su lamento, en esa forma rara, también ajena, que se llama poesía? ¿Para qué detendremos los ojos en esa forma, creada por el hombre o por dios o por los varios azares del DNA, según prefieran, que nos hizo cantar, en forma de poema, si podemos leer el periódico, ver la televisión o leer, en las ya incontables novelas sobre el narco, por ejemplo, la crónica mortuoria de nuestras atrocidades?
Dice Harold Bloom —ese espantoso reaccionario, dirán algunos miembros de lo que él mismo llamó “la escuela del resentimiento”— que William Shakespeare es el centro del canon occidental, que Shakespeare representa la invención de lo humano y que seguimos volviendo a él porque lo necesitamos; “nadie más —dice Bloom— nos da tanto del mundo que la mayoría de nosotros consideramos real”. El poema narrativo Lucrecia, o La violación de Lucrecia, fue publicado en 1594 y su argumento nace de una figura que ha inspirado a lo largo del tiempo un sinnúmero de interpretaciones sobre el significado de los actos que llevaron a Lucrecia, esposa de Colatino, al suicidio. De acuerdo con Tito Livio, los romanos sufrían bajo la tiranía política de Tarquino cuando su hijo, del mismo nombre, violó a Lucrecia quien llevó su vergüenza hasta el suicidio pero antes de hacerlo solicitó venganza. Para cumplir su deseo, Bruto levantó en armas al pueblo dando origen a una revolución política que marcaría el fin de la monarquía y el comienzo de la república. Lucrecia significa entonces no sólo la imagen de la castidad como la de la libertad y la fuerza moral frente al poder violatorio del Estado.
Escrito en estrofas de siete versos decasílabos con un esquema de rima ababbcc el poema narrativo de Shakespeare inicia con la cabalgata de Tarquino cuando va en busca de Lucrecia y termina con el juramento de Bruto de vengar la muerte de Lucrecia, cuyo cuerpo es transportado a Roma donde el pueblo, a la vista del oprobioso crimen, resuelve condenar a Tarquino a destierro perpetuo.
La venganza de Bruto no es entonces la muerte de Tarquino. Su carácter se revela, como en gran parte de la obra de Shakespeare como esa voz de una conciencia que inesperadamente trasciende el horror de las pasiones. Dice la obra:
Bruto, que antes extrajo
el nefasto puñal del seno de Lucrecia,
ante esta competencia de lamentos,
comienza a revestir su inteligencia
de dignidad y honor,
y en la profunda herida de Lucrecia
sepulta ya su aparente locura.
Porque entre los romanos
era como un bufón en medio de la corte.
“¿Es el dolor remedio del dolor?”, pregunta Bruto a Colatino, el afligido esposo, pocos versos antes del final. “¿Las heridas alivian las heridas? / ¿El pesar pone término al pesar?” El poema concluye la historia con la expulsión de Tarquino, que es una muerte más cruel aún que su desaparición física.
Quizá alguno de ustedes habrá tenido la curiosidad de contar los versos de la estrofa que leí y con asombro dirá: no son siete los versos que ha leído, no encontré alguna rima y no son decasílabos. ¿Qué hizo el traductor con Shakespeare?
El traductor de Lucrecia, publicado hoy por la Universidad Veracruzana, es un poeta que no requiere presentación. José Luis Rivas, ha empeñado en esta obra la fuerza considerable de una voz que trae hasta nosotros los siglos que separan a Lucrecia del primer día que vio la luz hasta hoy, con un lenguaje vivo. Rivas explica así su propósito: “Aquí hemos sacrificado algunos aspectos constitutivos de la Lucrecia shakespereana. La rima real del poema ha sido sustituida por estrofas nada regulares de seis, siete, ocho y has nueve líneas, con la pérdida consiguiente del decasílabo y la rima originarios".
¿Por qué Rivas hizo eso? Una reseña de la puesta en escena en España de esta Lucrecia, interpretada por la primera actriz Nuria Espert, lo dice mejor que yo: “La espléndida traducción de José Luis Rivas llega transparente, sin gota de retórica, sin voces extrañas: a caballo de una dicción cristalina, el poema parece iluminarse por esos relámpagos que Coleridge percibió al escuchar a Kean”.
Los relámpagos de la poesía, esa claridad eléctrica que nos desnuda de súbito, siempre son el presente. La poesía siempre es hoy, y eso es lo que consigue la notable traducción de José Luis Rivas en esta versión que es, como toda traducción verdadera, una restauración de lo que somos y hemos sido para enseñarnos, hoy, la miseria del hombre, pero también el prodigio de lo que hemos hecho posible gracias a la palabra. Las palabras de Shakespeare, las palabras de Rivas, se vuelven este día una misma asunción de lo mejor que hemos hecho para enfrentar el espanto del mundo.
Contra todo pronóstico, y a menos que en un segundo más caiga sobre nosotros la fe en el cataclismo, la poesía sigue viva porque va, junto a nosotros, con nosotros, mientras aún respiremos. En el prodigio de su forma podemos aún reconocernos. Por eso leemos a Shakespeare, por eso leemos a Rivas. Yo, que a lo mejor vengo hoy en forma de fantasma, podría decirles que lo único que se opone a la muerte es la belleza porque de toda la miseria del hombre es lo que acaso nos haga perdurables.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Malva Flores: de la introspección del poema al enojo
fragmento publicado en Milenio y su versión íntegra en Riverrun
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